Ser en caos

Ser en caos

En un inhóspito desierto de claro cielo azul
Su paisaje parece hermoso pero no es bueno
Solitario y vacío, sólo los insectos del engaño
Sus oasis espejismos o de una élite exclusivos

Mas una planta, un trébol de cuatro hojas
se levanta aquí como rara ráfaga de vida
en medio del cruel caos que todo llena
y crece despacio entre dolor y esperanza

De un tallo oscuro, que parece marchito
mas por él la savia asciende fuerte y brillante
Su luz da nueva vida a quien la mira
Su lucha, su bondad, llaman a todos

Aun a quienes de bondad y honradez
hacen sólo un disfraz para su hipocresía
Es la muestra del poder del cambio
que guarda en lo profundo de su alma

Secreto que enseña con su ejemplo
Y cuando sus hojas van madurando
se convierte su verde en bronce dorado
y al borde la savia forma gotas de luz

Todo, todo se acaba transformando
y la iluminación se acerca, se acerca
haciendo de las moscas que la imitan
corazones que vuelan, negras mariposas

El trébol no deja de refulgir vida
aunque tanto daño le haya hecho temer
Su propia luz le empuja a seguir dando
un aura esperanzadora ante el futuro incierto

Oled, su aroma sutil contagia
el deseo firme de luchar
por una vida justa y bella en la Tierra
por ser en armonía

Escrito el 13/14-03-13

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Las reglas de la vida ( I )

Estoy leyendo un libro que se denomina “El código definitivo para una vida feliz”. Este libro nos da un montón de reglas a las que llama “reglas de la vida” y nos garantiza que si las seguirmos conseguiremos ser felices. Pues aquí os dejo mi resumen del primer capítulo y primera regla, y a continuación, mi opinión. ¿Vosotros cómo lo véis?

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En resumidas cuentas…

Regla 1: No digas una palabra a nadie.

Estás a punto de descubrir formas de hacerte positivo, ser más feliz, tener más exito en todo lo que haces. Pero no es necesario contárselo a nadie. A nadie le gusta un sabiondo.  Si lo cuentas, te rehuirán y con razón, ya que todos odiamos que nos prediquen y sermoneen.

Es como cuando dejas de fumar y quieres convertir a todos tus amigos en ex-fumadores al igual que tú. Con la diferencia de que ellos se cansarán de escucharte porque los estarás agobiando ya que no están dispuestos a dejarlo todavía y entonces te etiquetan de creído, sabelotodo, etc. Así que, no sermonees, no trates de convencer, no lo proclames a los cuatro vientos.

Conseguirás una cálida aureola por el hecho de cambiar tu actitud ante la vida y provocar que la gente te pregunte qué es lo que has hecho. Puedes decir que no es nada, simplemente que se trata de un bonito día y tú te sientes mejor. No hay necesidad de entrar en detalles porque la gente, en realidad, no quiere conocerlos. Es como cuando te preguntan ¿qué tal estás?, sólo quieren oír una palabra, “bien”. Aunque te encuentres al borde mismo del abismo de la desesperación, ellos quieren oír esto porque no se van a comprometer en nada más.

Así que limítate a plantear tu vida diaria de manera feliz y con suficiencia, sin tener que decir nada a nadie.

Mi opinión…

No existe necesidad de ir contando todo a diestro y siniestro, hay personas a las que ni les va ni les viene, hay personas que no quieren escucharlo. Así que yo diría que cuentes lo que creas oportuno, sin necesidad de entrar en detalles, a esas personas en las que confías o que te preguntan específicamente con un interés real.  Soy la primera en que cuando ve a alguien a quien puede ayudar alguno de mis aprendizajes o formas de afrontar ciertas situaciones de la vida, voy y lo cuento, lo explico y demás. Pero realmente hay que asegurarse de que esa persona que te pide la ayuda realmente está dispuesta a dar el paso, porque ¿de qué sirve perder tu tiempo en darle la chapa si no está suficientemente motivada para coger ese camino por más que quiera tener el mismo resultado que tú has tenido?

Pienso al igual que en el texto anterior en la parte que dice sí, sé feliz, ten cara de contento, expira alegría, contagia tu buen ánimo pero no te pongas en plan maestro porque entonces pasas de ser una persona con ese no se qué que alegra a los demás a ser un pesado que quiere influir en los demás sin que se lo hayan pedido.

Con respecto a la gente que pregunta cómo estás sin importarle realmente la respuesta… Por un lado, creo que se dan situaciones en las que podemos no saber cómo responder, cómo ayudar a esas personas que se encuentran en un momento delicado, y por eso, nos quedamos casi mudos. Pero por otro lado, también opino que hay personas a las que realmente no les interesa más que contar sus cosillas y no escuchar las de los demás. Esto me parece muy triste, porque todos somos únicos y diferentes, pero todos tenemos similitudes y antes o después pasamos por momentos parecidos en los que podemos sacar provecho de las experiencias de otros, y otros de las nuestras, pero hay que dejar que lo pregunten, que nos lo pidan. Pero, ¿está la gente dispuesta a pedir o no tiene valor suficiente para hacerlo?

En cuanto a ser autosuficiente y buscar la motivación de cada uno para ser feliz, o un poco menos triste, sí claro. Por supuesto que si nuestras motivaciones y deseos dependen únicamente de nosotros no nos veremos limitados por nadie externo a lo que queremos lograr. Así también nos evitaremos excusas externas a nuestro ser, siendo simplemente, queremos tal cosa, pues podemos hacerla, ir paso a paso para conseguirla, somos sólo y únicamente nosotros quienes nos paramos en el camino y quienes siguen.

Espero que los siguientes capítulos sean más interesantes.

¡Oigan! Pido respeto

¿La última anécdota del día? Es una tontería pero deja entrever cómo es la gente, no la gente en general, sino personas concretas. 

Te piden que les hagas un favor de malas maneras (excusémosles que quizá no sepan expresarse mejor en nuestro idioma) y con ningún modal ni la mínima pizca de educación. Ok. Les cumples el favor y lo que hacen al volver es olvidarse del gracias, del hasta otra, o cualquier otra expresión lógica en estas situaciones y lo que hacen es gritar e insultar a mi compañero canino (con el que estaba de paseo y que nada les hizo) intentando darle con uno de los sacos que llevaban.

Ya no sé si sorprenderme o ir asumiendo día a día la mierda de civismo que tiene esta sociedad en la que nos vemos inmersos. Y no es por ser racista ni generalizar que esto fueron dos personas en concreto, pero… está claro que cada país tiene sus formas de actuar, de pensar, su civismo y su cultura. Pero ¡oigan!, son ustedes los que están en otro país no nosotros, son ustedes quienes tienen que adaptarse a las costumbres y al respeto que aquí se espera. Y si nos ponemos firmes, son ustedes los que estaban en una zona de paseo y recreación canina por lo que no es nada lógico ni respetuoso ponerse a insultar, incomodar e intentar golpear a mi perro. Esta vez no les dije nada porque él solito sabe arreglárselas, pero como vuelva a ocurrir, están avisados y seré yo la que al más mínimo intento de golpe o insulto, coja y me acerque a darles una bofetada, a ver si aprenden a mostrar un poco de respeto.

Y ahora recuerdo… hace unos meses, quizá un año, que uno de ustedes (no sé si uno concreto de ustedes o un compañero/familiar/o lo que fuere, pero igualmente inmigrante) tuvo la poca consideración también de estar ocupando el lugar específico destinado exclusivamente a dejar a los perros atados y protestar e increparme cuando le pedí amablemente y con educación que se hiciera un poco a un lado para poder atar a mi mascota. Menos mal que mi animal no es agresivo, porque en ese caso, señor, lo iba a llevar claro, no iba a protestar tanto ni dar tiempo a que yo le hiciese la solicitud de espacio.

Son simples y absurdas anécdotas. Pero da que pensar ¿qué modales tienen en los otros países, qué clase de educación reciben? Y ¿pretenden ser respetados? En caso de respuesta afirmativa, aprendan que hay personas que tratan a otras según las tratan y si ustedes no respetan, tampoco son, a mi modo de ver, dignos ni merecedores de respeto. 

Y aclaro, no soy persona que discrimina por raza ni especie, sino por actos y hechos concretos y particulares que no se generalizan al resto.

Dulces sueños.

Carta a una abuela

Inolvidable abuela:

 

                Ahora que tengo la oportunidad de que puedas escucharme, quiero decirte que siempre te recordaré con cariño y una sonrisa en mi rostro.

                A pesar de que no nos veíamos demasiado solamente puedo decir que de ti, abuela Carmen, sólo albergo buenos momentos. No tuvimos una relación muy fluida porque siempre vivimos lejos y las veces que me llevaban a verte eran pocas (ya que muchas veces papá iba sin preguntarme porque sabía que yo tenía que ir a clase, bien sabes cómo es, que siempre le importaron mucho los estudios). También sucedía que tienes tantos hijos e hijas, y la mayor parte estaban viviendo muy cerca de ti, que cada vez que íbamos aprovechábamos a visitarlos a todos. Así que, entre eso,  lo temprano que os acostabais abuelo y tú, y mi timidez, no hablábamos mucho. No llegamos nunca a tener una confianza de confidentes explícitamente. Pero en el fondo sé y sabía que podía confiar en ti, que pese a relacionarnos poco me querías,…

                Recuerdo la vez que le dijiste a mi madre, mirándome con dulzura, con los ojos envueltos en brillo y esa sonrisa tan bonita “ya se le nota la barriguita” creyéndome embarazada. Mamá te respondió que no estaba embarazada, que engordara por una enfermedad. Sé que eso te dolió, que preferías que fuera un embarazo y no una enfermedad, y tuviste buenas palabras, dando valor a que lo importante era que esa enfermedad no me causara otros problemas importantes. Supongo que de ti heredé el saber valorar a las personas por quienes son y no por cómo son. Realmente esa imagen y esas palabras tuyas me retumban en la mente, haciéndome sonreír tiernamente, aunque ya casi no recuerdo tu voz. 

                Aprendí de ti que la fuerza de voluntad es muy importante, que intentando una y otra vez hacer algo que queremos, pese a caernos, pese a lastimarnos, siempre terminaremos logrando realizar eso tan ansiado. Siempre me fijé en tu forma de moverte desde que tuviste la embolia cerebral que te dejó la mitad derecha del cuerpo paralizada, dormida, y teniendo en cuenta que eras diestra, me parece todavía más admirable. Me asombraba cómo eras capaz de pelar las patatas con una mano, quitando una fina piel y en un tiempo récord. En ese aspecto yo era nula, con todo el cuerpo despierto no tenía arte para pelar patatas, ni arte ni destreza. Como bien me decía tu hijo, en vez de pelar patatas tiraba la mitad junto con la monda. Siempre quise lograr ese manejo que tú tenías. Lo cierto es que eres un ejemplo de superación, de lucha, de valentía. Esas escaleras tan empinadas de tu casa, en las que ni siquiera cabía el pie, me daban pavor. Las subía de lado y agarrada al pasamanos y para bajarlas… qué miedo me invadía que no era capaz de bajar si había alguien detrás de mi ya que temía que otra persona se cayese y me arrastrase con ella. No quería caerme ni que nadie más se cayera, ya fue suficiente con que la tía se cayera una vez y rompiera las costillas. ¡Qué valor tenías! Ibas tú sola, sin querer que nadie te acompañara ni te ayudara, sin el bastón ni la muleta. Me estoy dando cuenta de lo mucho que se me nota la sobreprotección que siempre tuve, que parece que a veces no somos capaces de ver que podemos lograr las cosas sin necesidad de la ayuda de nadie. Simplemente debemos estar motivados, luchar y luchar, una y otra vez hasta conseguir nuestra meta. Claro que siempre alguien nos puede guiar y nos puede ayudar a encontrar el modo de avanzar cara ese éxito, pero si uno no lo ve por sí mismo, no será capaz de conseguirlo por mucho que los demás se lo muestren. Como bien dice el refrán “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Por suerte, los problemas en mi vida me enseñaron a conocerme realmente y no sólo como creía ser. Conocerme me hizo percatarme de mi valía, de que puedo aportar cosas buenas a mucha gente, de que puedo ser feliz, de que siempre me subestimé.

                Guardo también un grato recuerdo de la asistencia a vuestra boda. Sé que no fue gran cosa, todo lo contrario, fue muy humilde y simple, una celebración en la iglesia, vestidos de calle y nada más, pero con todos vuestros hijos, nietos y biznietos presentes. ¡Qué familia tan enorme creaste! Guardo así mismo, las fotos de mi boda en las que muestras tu sonrisa mientras saboreabas la comida. Es curioso cómo el tiempo cambia las cosas. En la época en la que yo me casé era casi inconcebible, y mucho menos ahora, que una boda no tuviese banquete ni baile.

                Abuela, te cuento que al final me divorcié, lo que tan bien parecía ir, fue cambiando y sabes que no merece la pena sufrir. En tus tiempos no existía el divorcio (hasta que te casaste con el abuelo) pero ya sabes que todos cometemos errores, ya sea por no enfrentarnos a lo que otras personas nos quieren imponer o por voluntad propia. Aunque lo cierto es que no considero completamente errado el haberme casado con ese hombre, pero quizá sea porque sé que de absolutamente todo se aprende algo. Sé que me hizo daño, pero también sé que en su día me amó. Es una pena que no llegue a ser capaz de mantener una amistad cordial aunque sólo fuera, pero es lo que hay. Ahora tengo otra pareja, ya llevo más de un año con él, estamos comprometidos, pero no creo que me llegue a casar, al menos hasta que tengamos hijos, y aún en ese caso quizá ni nos casemos, sino que nos haremos pareja de hecho o algo así. Como él dice el amor se muestra día a día con los actos y no por firmar un contrato. Reconozco que tengo la ilusión de celebrar una reunión con las personas más cercanas para demostrar que nos amamos y declarar nuestra intención de seguir luchando por ser felices y crecer como personas.

                Me dolió que te fueras sin despedirte, pero me hirió el orgullo que te dejaran ir por una tontería, por falta de médicos, con todo lo que tú superaste. Tras nueve anginas de pecho es incomprensible que te marcharas por una infección de orina. Pero sé que te dejaron ir porque no te dieron la medicación adecuada, sé que fue una negligencia médica,  pero si tus hijos no reclamaron, yo no era quien para hacerlo. De todas formas, algún día te marcharías, más tarde o más temprano, pero hiciste muchas cosas y tantísimas que no conozco y quisiera que me contaras. Pero no me debo obcecar con eso, sé que cuando yo me marche, estarás esperándome con mi angelito, cuídamelo mucho abuelita, aunque sea solo por mis padres que tanto lo quieren a él y a ti. Sé que lo estarás haciendo con gusto, y no es necesario que te lo diga, pero me sale del alma.

                Estoy orgullosa de ti y sé que no soy la única, pero dudo que otros se dieran cuenta de lo importante que nos enseñaste, pero no te preocupes abuelita, algún día sabrán que fue por tu influencia que aprendimos ciertas cosas. Gracias por haber existido, por darme la oportunidad de estar aquí y por dejarme aprender de ti.

                Da saludos a mi abuelo materno y a mis tíos. Diles que los recuerdo todavía y que los quiero. Proteged a mi hermanito que sois muchos ahí para eso. Espero que esta carta te alegre y veas lo mucho que has hecho por tu familia, aunque no lo hubieras visto en vida. Te quiero. Te envío un fuerte abrazo con besos.

 

Tu nieta.

 

Tania Mye                                                                                                                                   

Creado 16 de julio de 2012, día del Carmen, uno de los nombres de mi abuela paterna.

Relato “La princesa y el alfarero”

Relato arquetípico y… erótico.

Para que os divirtáis… 😉

LA PRINCESA Y EL ALFARERO

Érase una vez, una princesa que salía pocas veces de palacio y siempre escoltada por la guardia. Pero cada vez que lo hacía, había una sombra que la seguía. Hacía meses que esperaba cada salida de la princesa para tener la suerte de contemplarla. La sombra era un pobre pero honrado alfarero que se había enamorado de la bella princesa y soñaba con amarla, con besarla y acariciarla, pero deseaba que su sueño se hiciese realidad aunque sabía que para él era imposible entrar a palacio. Pero  se acercaba el cumpleaños de la princesa y era tradición que las gentes de la ciudad celebrasen un baile y dejasen regalos para la princesa a las puertas del palacio.

El alfarero llevó a cabo un truco para entrar. Si los regalos eran para la princesa cuando los sirvientes los recogiesen los llevarían a sus aposentos. Semanas antes de la fecha, empezó a fabricar una gran figura de barro, la imagen de un apuesto príncipe en cerámica cromada fue tomando forma pero la figura era lo suficientemente grande y estaba hueca como para introducirse él en ella, una mitad de la figura se cerraba sobre la otra y lo más interesante es que para modelar al príncipe había usado su propia imagen. Así, cuando llegó el día, la brillante figura fue puesta ante palacio, hubo fiesta y algarabía y al llegar la noche los sirvientes recogieron los regalos.  Con sumo cuidado transportaron la imagen de porcelana y la depositaron en la estancia de la princesa.

Nada más entrar en sus aposentos, ella se fijó en la gran figura, sus sirvientas de cámara reían y la invitaban a abrir otros paquetes pero ella miraba con insistencia el apuesto rostro del príncipe de porcelana y al fin dijo “qué magnifica figura, qué apuesto príncipe, ojalá existiese en la realidad un príncipe tan hermoso”. El pobre alfarero se quedó entusiasmado cuando oyó aquello pero no se atrevía a salir. Pasó largo rato y tras dar cuenta de los demás regalos, la princesa despidió a sus sirvientas “Iros, estoy cansada, quiero ir a dormir”. El alfarero que podía ver a través de las pupilas agujereadas de la figura la contemplaba todo el tiempo, sintiendo que su corazón no resistiría mucho más. Ella se cepilló su larga cabellera de un tono castaño y brillos dorados y al fin, antes de ir a dormir se acercó a la figura, la acarició y acercando sus labios a los fríos labios de porcelana, la besó susurrando “buenas noches mi hermoso príncipe guardián”. Se dio la vuelta y sorprendida le pareció oír un leve susurro que decía “felices sueños mi amada princesa”, pero no podía ser seria la brisa o el producto de su imaginación y se acostó. Poco rato después, el enamorado alfarero abrió la figura en silencio y salió para completar su plan. Se había vestido casi igual que la propia figura, aunque sus ropajes no fuesen de la mejores telas en la penumbra de la noche casi se diría que la figura había cobrado vida. Se acercó al lecho donde dormitaba la princesa y una vez más se detuvo a contemplar su hermosura, luego se reclinó y en tono suave dijo: “si lo deseáis vos podéis convertirme en realidad”. La princesa que ya estaba casi dormida creyendo esa voz cosa de los sueños respondió: ” si vos fueseis en realidad tan hermoso  no me importaría que no fueseis príncipe”.  Entonces él, envalentonado por esas palabras se acercó aún más a ella y casi rozando su boca susurró “no os asustéis pues y abrid los ojos, juzgad si en realidad soy lo que deseáis”.  La princesa abrió los ojos y sorprendida vio la figura convertida en un hombre real de carne y hueso tan solo a unos centímetros de ella. Sus ojos pasaron de la sorpresa a la incredulidad y enseguida al brillo enamorado “decidme cómo es posible este prodigio” dijo sin apartar la mirada del alfarero y él solo le dijo: “ Si creéis en el amor, la respuesta es que todo puede ser posible” y la besó, sus labios acariciaron tiernamente la boca de la princesa y ella no dudó en responder con calor y deseo. Pronto se fundieron en un abrazo con sus bocas unidas, las caricias tanto tiempo soñadas por el hombre se convirtieron en fuego en sus manos sin pensar, sin nada más en el mundo a su alrededor se acariciaron y se besaron, despojándose mutuamente de sus ropas. Sus corazones latían como jamás antes hubiesen podido, cada caricia de él sobre la piel de ella era como una marca a fuego de amor, electrizante.  Única cada caricia de ella sobre el cuerpo de él, era un sueño realizado, una noche entera de amor soñado en un segundo acariciado. Pronto él besaba y acariciaba sus pechos y ella echaba la cabeza hacia atrás sintiendo y suspirando como jamás lo soñó en su jaula de oro.  Él siguió recorriendo su cuerpo con la boca, las manos, oliendo el delicado perfume de aquella inmaculada piel.

Por fin, con el cuerpo de ella completamente desnudo, su boca bajó entre sus piernas, aquella delicada piel se cerraba en un precioso pliegue que acarició y besó con amor, y su lengua por fin probó su sabor. Ella se estremeció, agarró sus cabellos y lo mantuvo allí. Él siguió jugando con su lengua sobre el clítoris inexperto de la joven princesa, ella se sintió arrebatada por oleadas de placer y en apenas unos momentos todo su cuerpo estaba convulsionándose incontrolado, deseando aquel arrebato pero apenas pudiendo soportarlo. Por fin él dejó que se relajase pero sin dejar de acariciar su piel, subió a besarla en la boca y ella, apenas aún sin aliento lo besó y sin dudarlo buscó el miembro de aquel príncipe de porcelana revivido en un amante como nunca soñó. Su delicada mano acarició aquella parte de su anatomía que la porcelana no dibujaba y la agarró con fuerza, instintivamente movía su mano arriba y abajo, y él suspiró, sintiendo que debía poseerla aunque luego le costase la vida. Así, cogió sus piernas y las separó y él se vino sobre ella y poco a poco, con suavidad, pues era sabido que la princesa era virgen, se adueñó de todo su ser, sintiéndose entrar en aquel cuerpo que deseaba más que a su propia vida. Ella soltó un quejido pero la mezcla de dolor y placer la encendió enseguida de nuevo y rodeó el torso de su hombre con sus piernas invitándole a entrar más aún y así lo hizo empujando hasta introducir su pene completamente.  Ambos lanzaron quejidos y suspiros placenteros y empezaron a mover sus caderas acompasadamente, él trató de no hacerlo muy deprisa pues sentía que el deseo podía hacerle desperdiciar aquel sueño único, ella con los ojos cerrados solo podía sentir como aquel miembro la llenaba por completo, los movimientos hacían que sus cuerpos se rozasen, que sus besos les hiciesen temblar, las respiraciones se aceleraban, los envites de él eran cada vez más fuertes y profundos. Ella sentía su fuerza y cómo su vagina se apretaba contra él, la sensación era indescriptible.

Pronto sintió como se acumulaba nuevamente la tensión en su vientre. El placer crecía a cada empuje. Él sólo podía ya mirarla y moverse sobre ella hacia el desenlace más feliz que pudiese soñar. Sus mutuos quejidos les excitaban aún más. Y cuando ella sintió llegar nuevamente la explosión de placer en su interior fue tal la fuerza con la que se presentó que él no pudo contenerse y ambos estallaron al unísono en un concierto de quejidos y suspiros de placer. El cuerpo de él pugnaba por introducirse espasmódicamente más en el de ella. El cuerpo de ella se cerraba como una tenaza con brazos y piernas entorno a él. Los segundos que aquello duró fueron los momentos más intensos de sus vidas. Al fin, rendidas las fuerzas, él se dejó recostar sobre ella, ella deslizaba sus manos por la espalda de él y por su cabello. Durante unos minutos no se dijeron nada. Solamente deseaban sentirse, encerrar en su piel y en su recuerdo esos instantes.

Al fin él dijo “Mi señora, tal vez dentro de un instante olvidéis estos momentos, tal vez estos momentos me cuesten la vida, y vos misma reneguéis de mí”. Ella lo miraba y sólo atinaba a decir: “Jamás”. Él insistió: “Pero vos no sabéis. No conocéis la realidad. Soy un truhán que desquiciado de amor os ha engañado”. Ella alzó su dedo índice sobre los labios de él haciéndole callar: “Sshhh, en realidad sois vos quien no sabéis. Pues yo os veía seguir mis salidas de palacio, conocía vuestro rostro moldeado en la figura de porcelana.” Él sorprendido se alzó y dijo “Entonces….” Ella continuó sin dejarle terminar de hablar, “Entonces sabed que yo también os he amado en secreto esperando que encontraseis la forma de llegar hasta mí. Y hoy, al ver la figura que tan magistralmente moldeaste… supe que al fin sería vuestra.”

Y así fue como el sorprendido alfarero descubrió que ella lo esperaba, y no solo eso, sino que durante esos mismos meses de espera ella logró convencer a su benevolente padre de que ella sólo podría amar a ese apuesto hombre que con tanta devoción la seguía y que aunque no fuese un príncipe heredero de algún vecino reino…sería el hombre con el que se habría de casar. Y así fue como la princesa y el alfarero vivieron felices para siempre.

Tania Mye

Revisado el invierno de 2011.

Pequeño poema escrito hace unos años

Era una flor perdida buscándote sin hallarte,
era una estrella caída cada vez que no aparecías,
era un sauce llorón pensando que no existías,
era mi vida sin tu amor una experiencia vacía.
Ahora que te tengo no te quiero perder,
ahora eres el único amor en que creer,
ahora tienes una caja en mi corazón,
ahora es hora de decir: Te quiero amor.
 
Tania Mye

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